lunes, 4 de enero de 2010

---EL REGALO DE DIOS---


El regalo de Dios.







Pontevedra a 04 de enero de 2010.






Hola hijos míos.






Recuerdo que cuando era niño, me hacían por fechas señaladas regalos. Regalos, que provenían, de gentes humildes, como lo eran mis padres y demás familiares. Y, ahora me pongo a pensar y recordar algunos de aquellos juguetes, que, para aquellos tiempos y al proceder de gentes tan humildes, eran realmente un esfuerzo y no solo económico, pues, en aquellos tiempos, que te regalasen un tren de pilas que chocaba con los obstáculos y retrocedía e intentaba sortearlos, o, que te regalasen un avión, que cogía cuerda al rozarlo varias veces con el suelo, y luego al posarlo de nuevo, en el suelo, salía corriendo, como por arte de magia. Y tantos otros regalos, etc., que como digo, para su tiempo eran caros, y más, para familias humildes, que se ganaban su pan y nuestro pan, con el sudor de sus frentes y las llagas de sus manos, etc.






También recuerdo, que, con este tipo de juguetes, tan solo jugaba el primer día, luego los depositaba encima de mi armario, o encima de una estantería de un mueble de la sala, de la cocina, etc. y allí, permanecían a la vista de todo visitante, como unos tesoros de incalculable valor para mí. Tesoros, que, de vez en cuando bajaba de su altar, para prestárselo para jugar a mis jóvenes familiares, a mis amigos, etc., y, que solían ser ellos, quienes más tarde o temprano, conseguían romperlos. Y si alguno, de estos tesoros míos, lograba sobrevivir por más tiempo, luego, terminaba regalándolo también a algún niño familiar, etc.






¿Acaso, no os extraña un poco, mi comportamiento con respeto a mis regalos, que al fin y al cabo, eran juguetes para jugar?






¿Sabéis, por qué, yo no jugaba con mis valiosos juguetes?






¿Acaso, pensáis que era para no estropearlos, no romperlos, etc. y así conservarlos, toda mi vida? ¿Si era esto, por qué, luego dejaba a quien me los pidiese, para jugar y disfrutar con ellos, hasta que posiblemente terminasen rotos o dañados?






¡Os voy a decir, por qué, yo no jugaba con estos juguetes. Pues sencillamente, porque para mí, no eran juguetes!






¿Sabéis, por qué, para mí, no eran juguetes?






¡Pues, porque cuando me regalaban estos juguetes, para mí, el regalo, no eran los juguetes!






¿Sabéis, cuál era el verdadero regalo, que me hacían, sin saberlo?






¡Pues, para mí el verdadero regalo que me ofrecían, eran los sentimientos de alegría y felicidad, que estas personas humildes sentían, cuando pensaban, que me iban a hacer feliz, con sus regalos! ¡Estos hermosos y bellos sentimientos, fabricados con toda sinceridad, en sus humildes corazones, eran lo que realmente, me hacían sentir bien, eran lo que realmente, me hacían sentirme amado y feliz! ¡Y por eso, estos bellos, hermosos y puros sentimientos, eran para mí, el verdadero regalo! ¡Por eso mismo, luego, los juguetes, dejaban de serlo para mi, pues representaban algo mucho más elevado y sutil, que un juguete material, con el que entretenerse y darle golpes, hasta que se rompiese, o dejase de funcionar! Aunque, también, luego los prestaba a los demás, o terminaba por regalarlos, porque para mí, eran más importantes los otros niños, y lo que estos sentían, por jugar con mis juguetes, que los mismos juguetes.






Hijos míos ¿Todavía no sabéis, por qué os digo, estas cosas?






¡Pues, porque tiene más valor, la persona que te hace un regalo, que el mismo regalo. Y,






porque tienen más valor, los sentimientos, de quien te hace un regalo, que el valor del regalo!






¿Qué clase de personas seriáis, si dieseis más importancia a los regalos, que a las personas que os hacen los regalos, y,


le dieseis más importancia a los regalos, que a los sentimientos agradables y bellos, de las personas que os hacen dichos regalos? ¡Bueno, estos adjetivos o calificativos, los dejo al libre albedrio, de vuestra imaginación, pero, estoy muy seguro, que, las personas que os hacen los regalos, se sentirían muy gravemente ofendidas, y,


muy gravemente despreciadas, si supiesen, que sentís más aprecio por los regalos, que por ellas mismas!






¿Y, si yo, os dijese, qué, vuestros cuerpos humanos, son un regalo de Dios? ¿A quién, daríais más importancia, al regalo, o, a quien os hace el regalo y lo que siente, cuando os regala un cuerpo humano, para que tratéis de ser felices?






¿Y, si yo, os dijese, qué, la vida, que albergan vuestros cuerpos humanos, es un regalo de Dios, para que tratéis de ser felices y hacer felices a los demás? ¿A quién, daríais más importancia al regalo, o, a quien os hace el regalo y lo que siente por vosotros, cuando os regala la vida, para que tratéis de ser felices y para que tratéis de hacer felices a los demás?






¿Y, cómo creéis, que se siente Dios, cuando ve y observa, que dais más importancia a sus regalos, que a Él mismo?






¿Y, cómo creéis, que se siente Dios, cuando ve y observa, que dais más importancia a vuestros cuerpos humanos, que a Él mismo?






¿Y, cómo creéis, que se siente Dios, cuando ve y observa, que dais más importancia a vuestras vidas, que a Él mismo?






¿Acaso, dar más importancia al cuerpo y vida humana, que son un regalo de Dios, no es un grave desprecio hacia Él mismo?






¿Acaso, dar más importancia, al cuerpo humano y a su vida, que son un regalo de Dios, no es una grave ofensa hacia ÉL mismo?






¿Y, si os dijese, qué, todo cuanto existe a vuestro alrededor, alimento, agua, aire, el Sol, la luna, las estrellas, mujer, hijos, casa, etc., es un regalo de Dios?






¿Y, cómo creéis, que se siente Dios, cuando ve y observa, que dais más importancia a sus regalos, que a Él mismo?






¿Y, cómo creéis que se siente Dios, cuando ve y observa, que no tan solo dais más importancia a sus regalos, que a Él mismo, si no, que, lo que es más grave todavía, es que, idolatréis todas estas cosas y las pongáis por delante y por encima de Dios, en vuestras vidas y en vuestros comportamientos sociales?






¿Acaso, Dios que todo cuanto existe le pertenece y que os ha hecho el regalo de vuestros cuerpos, y el regalo de vuestras vidas, no tiene derecho al verse gravemente ofendido, y, gravemente despreciado, no está en su derecho de retiraros sus regalos, de retiraros el cuerpo humano y de retiraros la vida, y regalarlos a quienes sepan apreciar y respetar más a Quien regala, que a los regalos?






¡Observad el ejemplo de Abraham, cuando Dios le regaló un hijo, cuando ya no lo esperaba!






¿Qué ocurrió con Abraham, cuando este se enamoró de su hijo y lo puso en sus sentimientos, por encima de Dios?






¡Ocurrió, que Dios se ofendió y tuvo que recordarle a Abraham, que Él era más importante, que el regalo que le había hecho. Dios tuvo que recordarle, que Él era más importante, que el hijo, que le había regalado, y Abraham comprendió de golpe su pecado y su grave ofensa, por eso, no dudó e iba a entregar a pesar de sus sufrimientos, iba a devolver, lo que no le pertenecía, su hijo!






¿Vosotros, todavía no habéis comprendido que habéis ofendido gravemente a Dios, al poner muchas cosas por encima de Él mismo, por poner muchas cosas de este mundo y de la vida por delante, de Él mismo?






¿Acaso, creéis que Dios sería injusto, si os retirase la vida eterna, y la ofreciese, a quien le sepa respetar y servir a Él, que ha creado la vida eterna, para que le sirva?






Dios Poderoso (Cristo Maestro Andar)