martes, 19 de enero de 2010

-MI ESPIRITU DIVINO ES MI GUIA-

Mi Espíritu Divino es mi guía.







Pontevedra a 19 de enero de 2010






Hola hijos míos.






Recuerdo que, cuando era joven, intentaba que los ideales sobre mi personalidad, y, comportamiento, fueran los más correctos, los más honrados, los más buenos, los más santos, los más perfectos posibles. Sin embargo, cuanto más quería que todo fuese más y más bueno, más santo, más perfecto en mi, más cuenta me daba, de lo imperfecto que era, y que, cuanto más intentaba ser bueno, santo y perfecto, más y más defectos en mi descubría, y, de lo difícil que era, tan solo desear intentar ser bueno, santo o perfecto, y, que, intentar o simplemente aparentar, ser bueno, ser santo, o buscar ser perfecto ante los demás, te ayudaba a sentir el cariño de los demás por ti, te ayudaba a sentir la comprensión de los demás por ti, te ayudaba a sentir la compasión de los demás por ti, etc., pero, que sin embargo, no te ayudaba a sentirte respetado seriamente por nadie. Ya que las teorías que nos dicen, las teorías con que nos enseñan y educan, son una realidad muy distinta, de la realidad de la práctica de la verdadera convivencia humana, regida básicamente todavía por el egoísmo e instintos básicos más profundos y dominantes en la realidad de todas las practicas y comportamientos humanos. Es decir, que sencillamente decimos muchas cosas, pero luego hacemos otras muy contrarias, y se hacen con una profundidad de conciencia asombrosa, más, al acabar con nuestros comportamientos instintivos más profundos, volvemos a la realidad cotidiana, como si fuese otra vida, o cómo, si no, hubiese pasado nada. Consciente o inconscientemente, pasamos de un estado teórico e hipócrita, a otro estado practico e instintivo, como si cambiásemos de acera, o, como, si esto, fuese lo más natural y bueno. Muy pronto me di cuenta, de que, en la teoría, todo el mundo simulaba ser bueno, etc. y que, en la práctica, todo el mundo, se comportaba instintivamente, como si de animales tan siquiera y mínimamente fueran inteligentes. Más como sabía lo que sentían, más como yo sabía cómo eran realmente por dentro, no podían engañarme, más para mi, esto suponía una gran angustia y sufrimiento, tener que fingir que no me enteraba absolutamente de nada, y tener que sonreír, o, asentir según las circunstancias. Y esto, puede llegar a ser muy doloroso, cuando se trataba de tus seres más próximos y queridos.






Sin embargo, todo esto, me sirvió para encerrarme dentro de mí mismo y mostrarme siempre como una persona muy seria y responsable, para mostrarme con una personalidad fría, muy razonable, muy inteligente, pero, al mismo tiempo muy distante, y así, de esta manera, era muy difícil faltarme al respecto. Y así, de esta manera, era siempre más respectado por todo el mundo.






Sin embargo, muchísimos años después, cuando empezó a despertarse mi Espíritu Divino, y, cuando llevaba ya varios años de persecuciones a todos los niveles, atentados contra mi vida, presiones de todo tipo, tanto sicológicas como físicas, etc., y, mi Guía, mi verdadero Guía, era y es, el mismo Espíritu del Dios del Cielo, y, por supuesto, que yo, no pretendía para nada parecer ni bueno, ni santo, ni perfecto, si no, más que nada dejarme llevar por mi Espíritu, esto, me resultaba muy difícil. Esto, que ahora, parecía lo más sencillo y fácil, dejarse llevar y conducir mansamente por mi Guía divino, me resultaba casi imposible, pues ya mi cuerpo ante tantos años de presión, tantas angustias y sufrimientos, estaba no solo gravemente sicológicamente muy herido, si no, que, también físicamente. Y quizás a vosotros, os parezca muy fácil, dejaros conducir mansamente por alguien muy bueno y perfecto para nosotros. Sin embargo, os pondré un ejemplo muy sencillo, para que lo comprendáis mejor: Imaginaos, que vuestro cuerpo es un automóvil, un coche común o un coche muy bueno, y, que dejáis que lo conduzca el mejor de los pilotos de fórmula uno, etc. que conocéis, ahora, imaginaos, que, además vuestro coche tiene las cuatro ruedas pinchadas, le fallan los frenos, le falla el embrague, y además, le fallan los pistones, pierde aceite, agua, se sobrecalienta el motor, fallan los amortiguadores, los palieres, falla la dirección, etc. ¿Vosotros creéis que por muy buen conductor que sea, el que conduzca este vehículo, puede llegar a dominarlo fácilmente, y viajar a gran velocidad de noche, con lluvia, niebla o nieve, y sin luces en los faros, ni en las carreteras?






Pues así de esta manera, como este vehículo, se encontraba mi cuerpo, debido a muchos años de presión y persecución, donde tenía que tener extremo cuidado, donde bebía o comía algo, pues me habían envenenado ya varias veces. Tenía que tener extremo cuidado, con los mismos médicos y sus tratamientos, métodos, etc. Tenía que tener extremo cuidado, donde estaba o iba, siempre sobre alerta, pues mi vida siempre podía en cualquier instante, depender de unos segundos, de una sombra, de unos matorrales, etc. De no poder dormir tranquilo, durante algunos años, pues no sabía, a qué hora del día, o, de la noche, me podía esperar una desagradable sorpresa, y, yo, no contaba con amigos, o compañeros de camino, ni con familiares, que pudiesen, o, quisiesen ayudarme, ni con guardaespaldas, etc. no podía contar con nadie, ni siquiera con las policías, ya que todo estaba preparado, y, bien preparado, para que a todo el mundo, todo lo que me sucedía, le pareciesen paranoias de un enfermo, etc. No tenía una sola mano a la que asirme, para proseguir el camino, no tenía un solo hombro en el que apoyarme, para no caerme agotado, no tenia siquiera, una sola palabra de aliento de nadie, pues, cuando el mal de este mundo, trabaja para destruirte, lo hace a conciencia y destruye todo tu entorno, y destruye la confianza y el respecto que los demás puedan tenerte, te destruye como ser humano, te convierte en un paria, en un loco, etc., te convierte en un títere sin vida, ni dignidad. Por lo que, en estas circunstancias a mi Espíritu, tampoco le resultaba fácil conducir un cuerpo y unas mentes tan averiadas y afectadas por todas estas circunstancias. Más, yo, mi personalidad humana, no podía saber, que, todo esto, lo permitía mi Espíritu, precisamente, para que muriese mi personalidad humana. Todo esto, lo permitía, porque mi personalidad humana debía morir. Más mi personalidad humana, regida más que nada por sentimientos e instintos más simples y básicos, tan solo entendía, que, a cada instante mi vida corría peligro y debía salvarme, fuese como fuese y costase lo que costase, y, debido, a que tengo una personalidad muy fuerte y potente, me costó mucho comprender, que lo que tenía que dejar morir, no era mi cuerpo, ni mi vida, si no, mi personalidad humana, y, debido también, a que, mi personalidad humana, era muy fuerte y potente, luchaba y luchaba por no dejarme dominar por mi Espíritu divino, pues la personalidad humana, ante unas determinadas circunstancias y la certeza de una muerte segura, y, además en las circunstancias físicas, y mentales en que me encontraba, me hacia reaccionar de cualquier forma, y en cualquier aptitud, para poder sortear la muerte, hasta que, comprendí, que, mi vida no dependía de mi personalidad humana, ya que, siempre en el ultimo instante, o momento, un sorprendente milagro, me salvaba la vida física ¡Más esto, es muy fácil explicarlo ahora, en frio y sabiendo ya el resultado, no resulta tan fácil, cuando crees de verdad, que te vas a morir, y que ya no hay salvación o salida posible, a aquella, u otras circunstancias que parecían fatalmente mortales!






¿Quizás, os preguntéis por qué os cuento estas cosas ahora?






¡Pues simplemente, os cuento estas cosas, porque, en mis fracasos y en mis errores, y, en mis sabios conocimientos, ha estado siempre guiándome mi Espíritu divino, a veces, dándome lucidez y sabiduría, para comprender grandes misterios ocultos para la humanidad, desde que el Hombre fue creado en la Tierra. Y, otras veces, guiándome a tener una conciencia y vista nublada, para cometer errores tan infantiles, como saltar el orden de los Mandamientos de la Ley. Más, todo esto, tenía su función y misión según mi Guía, pues cuando, mi conciencia humana reconocía estos fallos de bulto e infantiles, pretendía corregir y modificar estos errores, ya fuese a las pocas horas o a los pocos días, cuando revisaba un trabajo ya publicado. Sin embargo, mi Espíritu me advertía, que no los corrigiese, que no lo hiciese, pues hasta eso, era obra suya y tenía una gran importancia, y, que, esto, todavía no lo revelase a nadie, ya que, yo tan solo dependía de Él y de nadie más, y, que no tenía que ganar unas elecciones, ni ganar votantes, ni ganar admiradores, etc., pues mi destino, dependía tan solo de mi mismo, y no, de la decisión de los demás, aunque los demás fueran en su totalidad, toda la humanidad, esto, no importaba, ni tenía importancia, pues al final, lo que contaría, sería tan solo mi voluntad!






Bueno, no vayáis a pensar, que esto, que os digo, tarde en asimilarlo, de la mañana a la noche, o, de un día para otro, etc., si no, que me llevó mis añitos de tozudez humana, pues a pesar de quien soy, y de las ayudas de mi Espíritu, las experiencias humanas tenía que sufrirlas y padecerlas más que nadie, ya, que mi conciencia y percepción de todo cuanto me rodea, es muy distinta a la vuestra, por lo que, mis angustias eran mucho más intensas y terribles, más, espero, que esto, no lo lleguéis a comprender, pero, tampoco tiene mucha importancia, que lo entendáis o no, ni realmente, a mi me importa mucho, que lleguéis a entenderlo o no, ya que esto, a mí, de nada va ya, a servirme. O, ya que esto, en nada, va ya a favorecerme.






Dios Poderoso (Cristo Maestro Andar)